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sábado, 31 de marzo de 2018

Los dominados y el arte de la resistencia - James Scott (2000).

1. Bibliografía Lectura 1.
Scott, James C. (2000). Los dominados y el arte de la resistencia. México: ERA, pp. 41-53. 71-96, 167-171, 217-237.

1.1. Tesis central del autor.

Sin duda, se evidencia un cambio epistemológico en la forma de escribir de Scott si lo comparamos con escritos propios de autores como Negri & Hardt y Holloway. Los primeros, posmodernos, anclados en la discusión y argumentación filosófica. El segundo, mucho más empírico, conservando una estructura argumental propia de la sociología política en donde se busca aportar un nuevo enfoque analítico a los estudios sobre el poder. Este último concepto, piedra angular en los tres autores, difuso, amorfo, trasnacional en Negri & Hardt; normativo y encaminado hacia un principio moral que privilegia la horizontalidad por encima de la verticalidad en Holloway, es llenado conceptualmente por Scott realizando trabajo cualitativo, apoyándose principalmente en el análisis histórico.

¿Qué le interesa a Scott saber del poder? Yo diría que su profundidad. Sus manifestaciones no evidentes, su desarrollo en una faceta cultural del hombre que quizás ha sido olvidada por una ciencia con delirios positivistas como la Ciencia Política. Más que la descripción o crítica de cómo las élites dominan a las masas y de condenar moralmente este hecho, Scott está interesado en comprender las manifestaciones del “discurso oculto”, de la resistencia, la crítica, del desfogue propio de la frustración al reconocerse como dominados. De otras formas de resistencia, o de las resistencias iniciales que dan origen a revoluciones y movimientos sociales.

Scott soporta su argumento central sobre una paradoja: el dominado acepta su subordinación al mismo tiempo que la rechaza. Este rechazo es el que le interesa conocer al detalle. Lo interesante es la forma en cómo se manifiesta el rechazo: a través del chisme, la danza, los rituales, los cuentos, las bromas. En algún momento  pensé en un ejemplo clásico: la génesis del albur mexicano que logró sostenerse hasta nuestros días.

De esta manera, se introduce un nuevo concepto para el análisis: la “infrapolítica” de los desposeídos. Es interesante saber desde su argumentación, que así como los dominados crean códigos para rechazar la dominación, las élites también desarrollan estrategias para mantenerse, aparece por ejemplo una cita de Hitler donde se resalta la importancia del trabajo sicológico y la socialización de ideologías que ayuden a mantener la hegemonía de los que dominan. Esto explica por ejemplo, porqué los pobres defienden la minimización del Estado en un contexto neoliberal así no tengan los recursos suficientes para financiar su salud, educación y demás bienes (este ejemplo es mío).

 En este estado de cosas, el enfoque infrapolítico dota de nuevas herramientas el análisis sociológico de los movimientos sociales. Pues todos estos accionares incipientes manifestados a través de lo cultural, son los primeros rasgos identitarios que pueden dar origen a manifestaciones de hecho o acciones colectivas que se transformen en una organizaciones con características de movimiento social. 

2. Premisas principales.
   
- El propósito del libro es comprender el comportamiento de los grupos dominados.
- Los esclavos en la relativa tranquilidad de sus barrancas pueden expresar su cólera, lo cual es imposible cuando se hace en frente.
- En la mayoría de las grandes estructuras de dominación, el grupo subordinado tiene una existencia social muy considerable fuera de escena, y ésta, en principio, le ofrece la oportunidad de desarrollar una crítica común del poder.
 - El discurso oculto de los dominadores es igualmente un instrumento para el ejercicio de poder. Éste contiene ese lenguaje -gestos, habla, actos- que los límites ideológicos dentro de los cuales funciona la dominación excluyen del discurso público.
- La subsistencia de cualquier modelo de dominación siempre es problemática. Es legítimo, pues, preguntarse, dada la resistencia que se le opone, qué se necesita para mantenerlo en funcionarnicnto: ¿cuántas golpizas, encarcelamientos, ejecuciones, tratos secretos, sobornos, amenazas, concesiones? y, muy importante, ¿cuántas manifestaciones públicas de grandeza, de castigos ejemplares de honestidad espiritual?. Etc.
- Ejemplos como los del monitoreo silencioso: sobre las formas en como las élites contralan a los subordinados valiéndose del discurso oculto.
- El ocultamiento, el eufemismo y la unanimidad como estrategias del discurso público para ocultar la disidencia en las relaciones de dominación.
- Como los editores prudentes de un periódico de oposición en una situación de estricta censura, los grupos subordinados tienen que encontrar maneras de transmitir su mensaje manteniéndose como puedan dentro de los límites de la ley. Esa tarea requiere un espíritu arriesgado y un talento especial para poner a prueba y aprovechar todas las inconsistencias, las ambigüedades, los silencios y los errores que se presenten.
De esa manera, pretendo sugerir que la infrapolítica que hemos examinado contiene gran parte de los cimientos culturales y estructurales de esa acción política visible que hasta ahora ha atraído más nuestra atención.
Sin duda alguna, la infrapolítica es política real. En muchos sentidos, comparada con la vida política en las democracias liberales, la infrapolítica se ejerce con mayor entusiasmo, frente a mayores dificultades y con objetivos más importantes. En ella se pierde y se gana terreno Concreto. Los ejércitos se desmoronan y las revoluciones se vuelven posibles gracias a las deserciones en la infrapolítica.


3. Reflexión.

El documento desarrollado por Scott, sin duda desafía propuestas posestructuralistas del biopoder como es el caso de Foucault, donde todo se deja en manos de la imposición del orden social, justificando así la hegemonía del dominante hacia el dominado a través de la incorporación de conductas que se reflejan hasta en el cuerpo. En Scott el poder se desafía, aunque este proceso no siempre es evidente. El cuestionamiento del poder se hace en lo cotidiano, cuando se apagan las luces, cuando la relación dominado-dominador no es directa, no se están viendo.

En lo personal, considero el texto reseñado como un buen escrito, pues dota de elementos sociológicos un argumento que se soporta en una cantidad respetable de evidencia empírica. Me parece interesante que con Scott se registra el origen del movimiento social desde el descontento cultural que se ha venido expresando durante un periodo sostenido en el tiempo en el marco de una situación de insatisfacción. Si bien un movimiento social, por lo general no se mantiene durante largos periodos de tiempo, la resistencia “oculta” propias de la infrapolítica sí que lo hace.

Así pues, leo un nuevo enfoque que me ayuda a entender la relevancia de la cultura política en algo que va más allá del realismo político (la guerra, la sangre, las víctimas, las acciones de hecho). Scott me invita a leer entre líneas, a ver cómo se legitima de manera sarcástica la dominación. Además me ayuda a entender  la hipocresía, la aparente falta de carácter, las formas otras de relacionarnos. Con Scott se complejiza la forma weberiana de entender las relaciones de poder y dominación.  




jueves, 15 de marzo de 2018

Merton y el funcionalismo

Lectura: Merton, Robert. 1964. Teoría y estructuras sociales, F.C.E., México, Cap. III: “Funciones manifiestas y funciones latentes”, pp. 92-158.
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En su texto, Merton (1964) evidencia dos intensiones: la primera, es platear varias críticas al funcionalismo de Parsons y la segunda, es proponer una teoría funcionalista renovada que permita comprender de mejor manera la sociedad, teniendo un enfoque más sobrio y aterrizado, sin caer en lo que él denomina “pretensiones totalizantes” del análisis social. Su argumentación se estructura básicamente en tres grandes postulados. Inicialmente, hace una necesaria aclaración de lo que es una función, concepto ambiguo por la polisemia de definiciones que hay en los diversos contextos en los que es aplicado. Posteriormente, critica tres premisas centrales de análisis funcionalistas previos que a su criterio no son adecuados, para finalmente, esbozar en 8 puntos lo que el concibe como su teoría funcionalista. La presente reseña, pretende plantear algunas reflexiones, posterior al ejercicio de sintetizar lo descrito.

¿Qué es una función? De acuerdo al contexto, este planteamiento se resuelve. Puede ser una festividad o una función de circo, un cargo en una empresa pública o privada, una ocupación, un procedimiento biológico o un ejercicio aritmético. Esta ambigüedad no solo es evidente en esta pluralidad de contextos de lo cotidiano, sino además se evidencia dentro del campo social. Merton hábilmente, traza una línea divisoria entre lo que se configura como consecuencias objetivas observables y disposiciones subjetivas1 para esbozar el concepto de función. Posterior a esta demarcación, Merton (1964) analiza y critica los trabajos previos realizados por otros funcionalistas basándose en los siguientes postulados: 1. Unidad funcional de la sociedad: es decir, las actividades sociales y las partidas culturales estandarizadas como un todo en el sistema social y cultural. Para nuestro autor, es inadecuadamente pretencioso el criterio empírico tomado para hacer esta aseveración, pues se observaron comunidades analfabetas, caracterizadas por su homogeneidad, esta última no es evidente en agrupaciones sociales más grandes, por ende no es un parámetro que incentive la generalización. 2. Postulado del funcionalismo universal: este es, todas las formas sociales culturales tienen funciones positivas. La invitación de Merton en este aspecto, es que el investigador amplíe el panorama a otro tipo de consecuencias. 3. El postulado de la indispensabilidad. Aquí se platea una doble afirmación, por un lado, se bosqueja que hay ciertas funciones que son indispensables para la sociedad, sino se realidad, la sociedad no subsiste. Por otro, se hace un llamado a la reciprocidad diciendo que ciertas formas culturales son indispensables para el desarrollo de ciertas funciones. Merton deslegitima la segunda opción acercándola al calificativo de falacia pues una misma función puede ser desempeñada por diferentes cosas.

De esta manera, posterior a este ejercicio de crítica, Merton propone un funcionalismo renovado bajo la premisa de paradigma de análisis funcional que consta de los siguientes elementos, se citan tan solo algunos: Las cosas a las que se le atribuyen funciones (aspectos normados y reiterados. Por ejemplo, normas sociales, instrumentos de coerción social o normas culturales), conceptos de disposiciones subjetivas (se refiere, al estudio de las motivaciones y propósitos en una comunidad), conceptos de consecuencias objetivas (refinamiento de los conceptos de función y disfunción.), concepto de la unidad servida como función (Lo que puede ser funcional para un grupo, puede ser disfuncional para otro), concepto de exigencias funcionales (necesidades, requisitos previos), conceptos de los mecanismo mediante los cuales se realizan funciones, conceptos de alternativas funcionales, conceptos de contexto estructural, entre otros (Mayo, 2013).
Se aprecia como valioso en Merton (1964) su intención de renovar el funcionalismo con un enfoque más particularista, centrado en observar hechos que anteriormente eran considerados irracionales (como por ejemplo en la danza de los hopi, para lograr que llueva). Con la formulación de su concepto de función latente, permite al sociólogo realizar análisis más profundos, pues no se va a investigar sobre lo evidente, sino bajo una lupa científica, alejando el sentido común de forma per se. Finalmente, para Merton, el refinamiento del paradigma funcionalista permite hacer análisis sociológicos más cercanos a la objetividad, dejando de lado la posibilidad de caer en juicios morales fruto de la interacción sociólogo-comunidad.

De lo leído, me llamo la atención el profundo convencimiento que tiene Merton, de que el funcionalismo, no está atravesado por ninguna postura ideológica. Para él, con la clara distinción entre la observación objetiva y disposiciones subjetivas, se puede caer en un escenario de profunda neutralidad, que a mi modo de ver es un tanto ingenua. “Merton muestra que el sociólogo funcionalista no tiene que cometer el error de confundir lo que dicen los participantes de una ceremonia o función social con el significado objetivo de la misma (esto es, la función social que cumple la misma). En todo momento, Merton remarca que no hay que confundir los motivos (subjetivos) con las funciones (objetivas)” (Mayo, 2013). Este argumento, es muy fácil postularlo en lo teórico, pero en lo práctico me gustaría saber si hay estudios basados en esta propuesta, pues si logran materializar lo afirmado por Merton, encontrarían la solución al problema de la subjetividad que tanto agobia a la ciencia social. Por otro lado, me pareció un texto de difícil lectura, extenso y pesado para el análisis, cargado de muchos conceptos para explicar la realidad social. De verdad, en esta primera lectura, no he logrado comprender la relevancia del funcionalismo como una de las teorías (para algunos clásica, para otros contemporánea) más importantes de la Sociología.

Referencias

Mayo, A. (2013). Merton y los fundamentos del funcionalismo en Sociología: notas de lectura. Blog: Miseria de la sociología. Recuperado de: http://miseriadelasociologia.blogspot.mx/2013/07/merton-y-los-fundamentos-del.html


miércoles, 7 de marzo de 2018

Las Reglas del Método Sociológico - Emilio Durkheim

Lecturas: Durkheim, Emile (1985), Las reglas del método sociológico. Introducción y capítulos 1 y 2, pp. 35-90, ed. 2da, Colofón, 2015.

Malinovski, Bronislav, Los argonautas del Pacífico Occidental: un estudio sobre comercio y aventura entre los indígenas de los archipiélagos de la Nueva Guinea melanesia. (1972). Prólogo del autor e introducción pp. 13-42

¿Cuál es el objeto de estudio de la sociología? ¿Cuáles son sus métodos para aproximarse a los distintos fenómenos sociales? Este par de interrogantes son resueltos de manera magistral por Durkheim (1985) y Malinoswski (1972). El primero, es un clásico que definió a la sociología como la disciplina encargada de estudiar los hechos sociales y dotarla de un método alejado de la normatividad propia de la filosofía y la subjetividad. El segundo, es un referente obligatorio de la antropología, dado que, surtió de nuevas bases metodológicas a la etnografía como herramienta cualitativa de estudio. La presente reflexión, más que realizar un ejercicio de síntesis, pretende, resolver los dos interrogantes planteados, desarrollando los insumos ofrecidos por los dos autores.

Durkheim (2015) es motivado a la redacción de las reglas del método sociológico por una inquietud central que desarrolla a lo largo de su obra: los sociólogos no se han preocupado por caracterizar el método que aplican al estudio de los hechos sociales. Sobre la base de esta premisa, antes de desarrollar su propuesta metodológica, dedica un capítulo completo a la definición de hecho social, para él, la claridad de este concepto es indispensable, pues la sociología se encarga de estudiarlo. En este orden de ideas, dentro de lo que se configuración como hecho social, la coacción tiene un rol protagónico, pues esta determina la conducta del individuo en relación con la colectividad. En términos más simples, es la presión que ejercen las instituciones sociales, para que el ser individual tenga una conducta socialmente aceptable.

Con esta claridad esbozada, Durkheim, propone sus tres reglas del método sociológico para acercarse a los hechos sociales: la primera de ellas consta en alejar sistemáticamente todas las prenociones. Aquí los conceptos de Mills de imaginación sociológica (1986) y de ruptura epistemológica de Bourdieu (2008) tienen relación directa, pues es un claro llamado a realizar una distinción marcada entre los imaginarios previamente concebidos y los fenómenos sociales a los que el sociólogo se aproxima. Segundo, Toda investigación científica se concentra en un grupo de fenómenos que responden a una misma definición. Para Durkheim, es fundamental que previo al desarrollo metodológico, se realice un fuerte marco teórico y conceptual (lo más genérico posible) capaz de contextualizar el tema a estudiar de manera eficaz. Finalmente, los análisis sociológicos deben excluir las manifestaciones individuales, recurriendo a herramientas más objetivables como el derecho, capaces de generar análisis en un marco de generalidad.

Por su parte, Malinoswski enumera tres criterios metodológicos básicos para la realización de la etnografía. El primero es el hecho de que la etnografía debe albergar procedimientos estrictamente científicos, conociendo normas y criterios de su estructura moderna. El segundo, es que el investigador debe acentuarse en una posición adecuada para su trabajo, es decir, en su caso personal, él no vivía con otros hombres blancos, estaba inmerso en un 100% en la comunidad que estudiaba. Por último, el investigador debe ser riguroso al momento de recolectar información, manejando una serie de métodos precisos en aras de recoger, manejar y establecer evidencias.
Hay un aspecto en común, respecto a las estrategias metodológicas, que se evidencia en los dos autores a pesar de su separación temporal y lo disimiles de sus temas de investigación: el rigor. Para ambos es indispensable mirar con ojos de científico el objeto de investigación, buscando la objetividad con gran intensidad a pesar de lo difícil que sea, al tener imaginarios preconcebidos gracias a la coerción institucional y al hecho de estar inmerso en la cultura que se estudia durante meses, en el caso de Malinoswski.

Se rescata además, la relevancia de un marco conceptual y teórico fuerte capaz de servir de soporte explicativo al objeto, no asumiendo por entendido que lo que se va a estudiar, ya se conoce, producto de lo que se ha aprendido en la cotidianidad. Por el contrario, se diferencian en la medida de que Durkheim es sumamente generalista, buscando de manera sistemática la formulación de macroteoría. Malinoswski, se enfoca mucho más en la particularidad, en el análisis detallado de un objeto delimitado, siendo muy específico, teniendo como objetivo, la comprensión de pequeños colectivos.
Cada uno a su manera, revolucionó la forma de hacer ciencia social para su época, pues eran grandes conocedores de lo que se había venido haciendo, teniendo la capacidad de señalar los errores e intentar corregirlos. Ambos acertaron en el ejercicio de mostrarnos una ciencia social que tiene como objetivo estudiar hechos sociales (desde la definición de Durkheim), sobre la base de un método que puede variar según el objeto de estudio, pero que por nada del mundo puede perder la cientificidad como objetivo primario. Sin embargo, cabe preguntarse ¿hasta qué punto podemos ser objetivos, si ya hemos sido socializados por las instituciones hasta el punto de crear hábitos? ¿Se puede ser objetivos cuándo vives meses en una comunidad? ¿Se corre el riesgo de sentirse parte de ella? O por el contrario, ¿juzgarla al ser tan diferente a investigador?

Por mayor ruptura epistemológica, imaginación sociológica, alejamiento de las prenociones o uso de herramientas estrictamente científicas, es sumamente complejo, concebir la idea de que una investigación no tiene como elemento per se unos intereses inmersos particulares, altruistas o ideológicos de por medio. Las instituciones no solo calan en los colectivos que se estudian, también influyen al científico como ser social implicado. Es por esta razón, que la lectura de lo que el investigador produce, también debe hacerse desde la panorámica de sus pensamientos, emociones, contexto y deseos explícitos, dado que, el que investiga es un ser humano, no un artificio creado para nunca fallar. Por su parte, el investigador debe tener claridad de que si bien la objetividad es la meta a buscar, quizás sus intereses vayan más allá de lo científico, teniendo una carga subjetiva presente. Así pues, las ciencias sociales son el resultado de un equilibrio entre la subjetividad del pensamiento del que investiga y la objetividad de la ciencia que lo respalda en su investigación.


sábado, 15 de abril de 2017

La imaginación Sociológica y "Todo lo sólido se desvanece en el aire" - Mills y Berman


  • Lecturas: Wright Mills, C., La imaginación sociológica, Fondo de Cultura Económica, México, 1986. “Prólogo” de Gino Germani pp. 9-20; y Capítulo 1 “La promesa” pp. 23-43.
  • Alexander, J, Las Teorías Sociológicas desde la Segunda Guerra Mundial, Gedisa, Barcelona 1995; Capítulo: “¿Qué es la teoría?”, Pp. 11-27
  • Berman, M “Prefacio” e “Introducción”, en Todo lo sólido se desvanece en el aire, Editorial Siglo XXI, México, 1989, pp. 1-27.


¿Para qué la sociología? Este interrogante, corto en extensión, pero profundo en connotación trata de ser respondido de distintas maneras por Alexander, Mills y Berman. El primero, más teórico e histórico, el segundo valiéndose del concepto de “realidad sociológica” y el último enfilando sus respuestas al contexto espacio-tiempo de la Modernidad. El presente ejercicio reflexivo en un primer momento tratará de evidenciar el insumo neurálgico de los tres capítulos, para culminar con algunas preguntas que hagan apertura a una discusión más amplia sobre la realidad de las ciencias sociales en cuento a su utilidad actual.

Antes que nada, es menester rescatar los esfuerzos de Alexander por tratar de explicar un concepto sumamente complejo como lo es la teoría. Este artificio, no es más que una “abstracción”, que tiene como requisito fundamental estar en un permanente dialogo con las realidades sociales a las que se aproxima. En efecto, las teorías son construcciones explicativas de la realidad en un espacio y un tiempo determinado. Si la teoría es contemporánea, va a explicar fenómenos actuales, por esta razón posee un rol protagónico para la ciencia social, esta será la herramienta intrínseca capaz de darle sentido a todo el material empírico recolectado por el científico.

Las ciencias sociales, son un escenario de sistemático conflicto en la discusión del “como operar”. Es por esta razón que posee variedad de corrientes, metodologías y segmentación en los objetos de estudio. La teoría, no se salva de esta disyuntiva. Por el contrario, ha sido objeto de constate debate en cuanto a su uso, función y formas de construcción. Es así, como la teoría se puede concebir como el resultado de “presunciones generales”, “orientaciones ideológicas”, “modelos”, “conceptos”, “definiciones”, “clasificaciones”, “leyes”, “proposiciones”, “correlaciones”, “supuestos metodológicos” y/u “observaciones”. Para Alexander, encasillar la teoría en cualquiera de estas categorías es un sesgo reduccionista, pues la misma se compone de todos o varios de los elementos nominados.

En estado de cosas, es relevante comprender la tendencia geográfica y temporal a la hora de construir teoría en Sociología. Es así, como el Marx de la explicación de la interacción determinada por la explotación y la división de clases sociales, el Durkheim que argumenta que las relaciones se soportan en lazos de solidaridad y el Weber, refinado en sus explicaciones de dominación como puntal de la interacción social, fueron actores activos de una Europa enquistada en la guerra. Estos personajes, brillantes en su intención de hacer ciencia social, tuvieron poco reconocimiento en su momento, pues el mundo que habitaban tenía otras prioridades. Por otro lado, la teoría social contemporánea, renace con mayor ahínco en el EE.UU de la posguerra, en donde la sociología es un emprendimiento incipiente de las diversas facultades que incentivan la producción académica. Es en este espacio, donde el funcionalismo parsoniano logra destacarse como teoría social contemporánea.
Este recuento del estado de la cuestión respecto a la construcción teórica que plantea Alexander, se articula directamente al concepto de “imaginación sociológica” de Mills. Dicho concepto es definido, como la comprensión de la existencia y evaluación del destino, tras el ejercicio de comprensión del escenario histórico y el contexto de los demás individuos que habitan con ese ser social analítico. La sociología como disciplina y la teoría como herramienta (en términos de Alexander), nacen de esa inquietud y capacidad explicativa de lo cotidiano, desde una postura crítica.

Para Mills, las tres preguntas básicas que ponen en ejercicio la imaginación sociológica son las siguientes: ¿Cuál es la estructura de esta sociedad particular en su conjunto? ¿Qué lugar ocupa esta sociedad en la historia humana? ¿Qué variedades de hombres y mujeres prevalecen ahora en esta sociedad y en este periodo? (Barca, 2014). Estos cuestionamientos, son los que posteriormente, Berman sitúa en relación con un objeto mayormente delimitado: La Modernidad. ¿Por qué? Para él, este periodo histórico es fruto de una contradicción notable: “Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos” (Berman, citado por Ruiz del Olmo, 2011).

En consecuencia, este último autor sitúa en relación lo postulado por los anteriores, pues revisa teorías como la marxista, no desde el desgastado debate de conflicto de clase sociales, sino como insumo que permite evaluar el contexto histórico que habita y la trascendencia de la modernidad para la historia humana. Sin duda, Berman ejemplifica con su obra, el ejercicio del sociólogo que promueve Mills y Alexander, es decir, un individuo capaz de comprender realidades haciendo una revisión crítica de los autores que han tratado de explicarla, siendo juicioso, en revisar la historia y las implicaciones de esta en el comportamiento de los individuos que cohabitan el espacio de científico.
En definitiva, los aportes de estos tres autores al ejercicio del científico social son bastos. Por un lado, promueven una sistemática reflexión y crítica de las realidades a las que se aproxima el sociólogo, planteando preguntas a profundidad y valiéndose de modelos explicativos, ya sean clásicos o contemporáneos. Por otro, ejemplifican el accionar juicioso de la aproximación sociológica, revisando de manera detenida periodos actuales, comprendiendo así, sus virtudes y desmanes. Cabe preguntarse lo siguiente: ¿qué tan relevante es para la actual sociedad una revisión teórica seria, cuando lo que generalmente promueven los gobiernos, son las explicaciones empíricas, tomando la evidencia estadística como argumento legítimo de explicación (algunas veces manipulándola)? ¿La imaginación sociológica, solo debe estar presente en el sociólogo, o es un ejercicio que debe difundirse en instituciones como la familia y la escuela? ¿Cómo individuos somos conscientes de las ventajas y desventajas de ser hijos de la modernidad y estar situados en un escenario de posmodernidad?

En conclusión, la invitación de Alexander, Mills y Berman, es a la consolidación de individuos más críticos, con una intensión de agudizar su sentido científico para ampliar su espectro explicativo y finalmente, mejorar las condiciones en que se vive, siendo conocedor de la historia y de la realidad que se habita. La imaginación sociológica, no debe ser un accionar desarrollado desde los programas de pregrado o posgrado en las facultades de sociología, debe ser un acto cotidiano difundido desde el hogar y el colegio, retomando el planteamiento aristotélico del animal político. ¿Para que la sociología? Para comprender, explicar e interpretar nuestras realidades sociales, con el objetivo de enfrentar su dinamismo, haciendo frente a las desgracias y tomando con prudencia los atributos de la sociedad.
  • Referencias


Barca, A. (2014). La imaginación Sociológica: la promesa. Blog: Socio (filo). En busca de la solidaridad. Recuperado de: http://lpmnoentiendonada.blogspot.mx/2014/05/mills-la-imaginacion-sociologica-la.html
Ruiz del Olmo, F. (2011). Reseña de "Todo lo sólido se desvanece en el aire" de Marshall Berman. Razón y Palabra, vol. 16, núm. 75, febrero-abril. México.

viernes, 31 de marzo de 2017

El Oficio del Sociólogo - Pierre Bourdieu

Reseña del Oficio del Sociólogo - Pierre Bourdieu.

Lecturas: Bourdieu, Pierre, Chamboredon, Jean-Claude y Passeron, Jean-Claude (2008), El oficio de sociólogo, Siglo XXI Buenos Aires. La ruptura y la construcción del objeto, pp. 27 -81.
Bourdieu, Pierre (1995), “Una duda radical”, en Respuestas. Por una antropología reflexiva, Grijalbo, México, pp. 177-184.

Las lecturas que son objeto de análisis, evidencian una faceta de Bourdieu que no se logra encasillar en sus múltiples estudios ligados a la crisis del desempleo y la vida campesina en Francia y Argelia, el carácter represivo de las instituciones educativas, las clases sociales, el baile, el deporte, el lenguaje corporal, la televisión y en general sus estudios de dominación y desigualdad que se condensaron en sus más de 400 artículos científicos y sus 37 libros (Levy, 2016). El Bourdieu que hoy se va a abordar, es uno metodológico, reflexivo hacia el quehacer del ejercicio investigativo del científico social; es en últimas, el sociólogo más citado de la historia aconsejando a cerca de cómo se debe hacer, desde su experiencia, un ejercicio investigativo eficaz. Así pues, la presente reflexión, se concentrará en un primer momento en emprender una breve reseña en la cual se sintetice la esencia de lo planteado por el autor, para posteriormente trasladar algunos interrogantes y comentarios que nacen fruto de la lectura de los tres capítulos de la primera sesión.

“La duda radical” y “la ruptura” manejan una temática central: la separación entre las interpretaciones de la realidad socialmente aceptadas y la interpretación del sociólogo como científico ante estos fenómenos. En términos simples, lo que se plantea es que el investigador no puede ser atrapado por su objeto de estudio. Por ejemplo, si el sociólogo, va a estudiar la familia, debe indagar sobre cómo se fue construyendo dicho concepto (lo que se entiende y no entra dentro de la categoría), su historia (contexto se desarrolló esta institución social) y el significado que posee en las distintas culturas. Si no se tienen estas prevenciones, se corre el riesgo de quedar atrapado por el objeto de estudio (Constantino, 2002).

En este orden de ideas, para acercarse al estudio de cualquier fenómeno social, es necesario poner en práctica la ruptura epistemológica, es decir, transgredir el sentido común que como ser social el sociólogo posee, iniciando desde cero su indagación investigativa, no teniendo en cuenta juicios previamente configurados fruto del vivir en sociedad para lograr así, una aproximación más cercana a la objetividad. Al respecto Bourdieu (2008. 29) afirma: “una investigación seria conduce a reunir lo que vulgarmente se separa o a distinguir lo que vulgarmente se confunde”.

Sin duda, el emprendimiento que propone Bourdieu no es tarea fácil. Pues desprenderse de construcciones simbólicas de la realidad resultado de la interacción con el otro es una tarea que exige consciencia, voluntad y práctica, pues de este ejercicio se desprende la posibilidad de aplicar métodos nuevos, a nuevos problemas, generando así aportes significativos a la ciencia (Weber, citado por Bourdieu, 2008. 51). El objeto de estudio, no puede ser más que una construcción analizada bajo la lupa de una problemática teórica que sirva como ruta a la recolección de los datos sobre los que se soportará el ejercicio investigativo. En este estado de cosas, por muy refinados que sean los recursos estadísticos de los cuales se vale el sociólogo para hacer sus aproximaciones, se queda corto dicho accionar si el marco teórico del objeto de investigación no es sólido.

El objeto de estudio y su posterior aproximación teórica-metodológica debe ser el resultado de la construcción de un modelo “con vocación general” que permita analizar otro tipo de fenómenos similares bajo la lupa del fenómeno que se está estudiando en la actualidad. De esta manera, Bourdieu, posterior a sus críticas al incorrecto uso de algunas herramientas metodológicas como el muestreo al azar y la etnografía, culmina su argumentación afirmando que el objeto de investigación debe ser un problema formulado posterior al ejercicio de ruptura epistemológica, con unas hipótesis y un método implementados bajo el amparo de una teoría sólida, que posteriormente se convierta en un producto que sirva como referente para el análisis de otras realidades sociales semejantes.

Sobre la base de lo reseñado, tiene cabida plantearse los siguientes interrogantes: ¿realmente estamos teniendo en cuenta lo planteado por Bourdieu para hacer investigación en la actualidad de América Latina? ¿Es posible llevar a la práctica en su totalidad la ruptura epistemológica de la que no solo habla Bourdieu sino que también es retomada por otros autores, explícita o implícitamente? ¿Qué noción frente a la ruptura epistemológica pueden tener los autores neo marxistas (y/o gramscianos) que tienen una clara convicción del cambio social a través de sus investigaciones? ¿La producción académica de nuestros científicos sociales en México, Colombia, Argentina, Ecuador, entre otros Estados tiene una vocación generalista que permita a través de papers, capítulos de libros y libros explicar fenómenos similares a los que habitan en toda esta literatura?

De lo leído, se pueden concebir dos conjeturas de las preguntas anteriores. La primera, es que nuestra investigación social, al menos en lo que a América latina respecta, carece de ese ánimo de generalización y de teorización del estudio de los fenómenos sociales al que Bourdieu invita, puesto que anualmente se publican cientos de artículos científicos con poca difusión y menor sentido práctico de lo que se investiga, en otras palabras, se escribe para publicar y cumplir con las exigencias de las instituciones gubernamentales de ciencia y tecnología, más no para realizar aportes significativos a las disciplinas sociales. La segunda, es lo desafiante que puede llegar a ser, llevar a la práctica el ejercicio de la ruptura epistemológica. No deja de ser interesante, analizar la situación del partido “Podemos” en España, organización política creada y desarrollada por académicos que investigan no con el ánimo de ser “objetivos”, sino de transformar las realidades sociales que habitan. Sin dudas, dos paradigmas completamente diferentes, pero válidos a la hora de encarar la investigación en ciencias sociales. La reflexión a la que lleva Bourdieu, es a revisar que tan objetivos se puede llegar a ser, dejando de lado, nuestra envestidura de individuo corriente transformándola por la de científico social.

Referencias

Constantino, J. (2012). La duda radical. Blog: Mi filosofía, antropología y ciencias cognitivas. Recuperado de: http://filosofiaen.blogspot.mx/2012/06/bourdieu-la-duda-radical.html
Levy, D. [HERNANILCAPO]. (20 - 01 - 2016). Pierre Bourdieu – Cultura de Poder. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=qgkLuEESV2g